21 Septiembre: Día Mundial del Alzheimer, una enfermedad que demanda respuestas.

Newsletter

Suscríbete a nuestro boletín mensual de noticias para estar al día de Columbares.

Columbares persigue la convivencia y la mejora de la calidad de vida de los colectivos más vulnerables de nuestra sociedad. Así, contribuir a la mejora de la salud integral de nuestros mayores es el objetivo principal de su proyecto «Envejecimiento Activo y Saludable», financiado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.

El próximo 21 de setiembre se conmemora el Dia Mundial del Alzheimer, fecha en la que todos los agentes implicados damos visibilidad a la realidad de millones de familias españolas. Millones. Además, se trata de una enfermedad que no implica sólo al paciente, sino a todo su entorno.

Desde Columbares hemos querido concienciar sobre la realidad de esta enfermedad dando respuesta a los principales interrogantes que se generan a su alrededor.

1. Alzheimer, ¿De qué hablamos?

El Alzheimer es una patología con base orgánica.

Esto quiere decir que su origen está en una alteración biológica, en concreto, del cerebro produciéndose una serie de anomalías que desembocan en la pérdida de neuronas y en la acumulación anormal de amiloide (una proteína), formándose placas seniles y anillos neurofibrilares relacionadas directamente con sus síntomas.

2. Ante la duda, ¿Qué hemos de hacer?

La palabra clave es cambio.

El inicio de esta demencia puede ser muy variable y manifestarse de muchas formas diferentes. Por tanto, es importante estar atentos a los cambios. Si notamos un cambio en las capacidades (memoria, comunicación, movilidad, etc.), en el comportamiento o en el estado de ánimo es vital consultar con un especialista. Podemos acudir a nuestro médico de cabecera para solicitar una consulta con el neurólogo que es el especialista de referencia en estos casos y también complementariamente podemos acudir a las diferentes asociaciones de apoyo.

3. ¿Qué me puede llamar la atención?

Variabilidad. Ningún caso es igual.

Lamentablemente, el diagnóstico de esta condición neurológica no es una cuestión sencilla y requiere de un enfoque específico con pruebas concretas desde una perspectiva multidisciplinar. Algunos de los signos y síntomas que han de llamar nuestra atención son:

Dificultades para recordad. Es el signo de alarma más conocido, pero no ha de ser el único. Empezar a tener dificultades para recordar datos o para aprender nueva información puede llevarnos a intuir que quizás algo no vaya del todo bien. Es importante también tener en cuenta que esto puede deberse a multitud de circunstancias y que, por ello, consultar con un especialista es prioritario.

Cambios en el humor. Puede ser un signo directo fruto de algún cambio cerebral o puede surgir como un efecto colateral del afrontamiento a la enfermedad. Por ejemplo, es frecuente observar síntomas de depresión en las primeras fases del cuadro debido a que en ese punto la persona está siendo consciente de la pérdida de sus capacidades. También podemos observar problemas de ira o frustración por la misma razón.

Cambios en los hábitos. Podemos, por ejemplo, encontrarnos con el caso de una persona que toda su vida le ha encantado dar paseos o viajar y que de repente deja de hacerlo sin un motivo aparente. Esto podría indicarnos que quizás esté teniendo dificultades para recordar las rutas o para orientarse. Sobre todo seria alarmante que esto suceda en sitios que le resulten familiares.

Alteraciones en la expresión. La capacidad de comunicar puede ser otro signo que nos llame la atención. Es común observar a pacientes que empiezan a tener problemas para encontrar las palabras concretas que buscan o que usan muletillas o repeticiones como una forma de evitación de conversaciones que pongan de manifiesto que algo no va bien.

4. Más allá, ¿Qué pasa con la familia?

Dos pacientes, dos realidades, diferentes necesidades.

Las demencias, en general, y el Alzheimer, en concreto, son enfermedades que provocan una profunda disfunción familiar. Que un miembro de la familia sea diagnosticado de Alzheimer genera un choque psicológico que se relaciona, principalmente, con la incertidumbre asociada a la evolución de la enfermedad y al cambio de roles y dinámicas familiares, sobre todo, si la persona afectada es la mujer teniendo presente una perspectiva de género en la intervención. Es vital que todos los miembros cuenten con el apoyo informativo y el soporte emocional adecuado en estos casos pues, de lo contrario, es bastante probable que comiencen a tener problemas de gestión emocional y conductual. Entrenar la capacidad de tolerar la incertidumbre y la frustración son dos de las estrategias más importantes en estos casos, además de la regulación emocional.

5. No soy paciente, no soy familiar. ¿Cómo puedo ayudar?

Como miembros de la sociedad tenemos un rol en la comunidad.

Esta cuestión no suele ser tenida en cuenta cuando se habla de Alzheimer ya que, en la mayoría de casos, las intervenciones se suelen dirigir a las personas afectadas por esta patología. Ahora bien, realmente esta enfermedad nos afecta a todos sin la necesidad de tener un diagnóstico en nuestro entorno cercano en tanto que formamos parte de una sociedad. Entre las acciones que puedes poner en marcha se encuentra, entre otras, las siguientes:

Conocer los aspectos básicos de la enfermedad. Estar informados de cómo se manifiesta esta enfermedad es algo básico para saber cómo actuar. Normalmente, es el entorno el que se da cuenta de los primeros signos de la enfermedad. Piensa en tus vecinos, compañeros de trabajo o amigos. Un diagnóstico a tiempo, mejora potencialmente la evolución de la enfermedad.

Empatizar y Escuchar. Dos acciones que, a veces, nos cuestan mucho pero que a la hora de interactuar con una persona con Alzheimer o un familiar son cruciales. Entender que lo que suelen necesitar es ser comprendidos, respetados y escuchados es la base para saber cómo relacionarnos con estas personas y darles cierto apoyo.

Las personas con demencia son una parte activa de la sociedad. Menoscabar sus capacidades es el camino directo a una evolución rápida y disfuncional de la enfermedad. Mantener su autonomía, promover su inclusión y adaptarnos a sus necesidades son tres herramientas nucleares para mejorar su calidad de vida y promover la mejor evolución posible del cuadro.

Si te ha parecido interesado, ¡compártela!